El 8 de julio de 1960 se realizó el primer acto de colación de grado de la Universidad Tecnológica Nacional. Aquel acontecimiento histórico, que tuvo entre sus protagonistas a los primeros egresados de la Universidad Obrera Nacional, es el argumento de la conmemoración en esta jornada del Día del Graduado y la Graduada Tecnológica.
Se trata de un día para celebrar a quienes alcanzaron su título en UTN, pero además para reflexionar sobre lo que implica esa identidad tecnológica que esta universidad marca en miles de personas, desde hace más de siete décadas.
En este sentido, dialogamos con la Ingeniera en Construcciones Susana Peretti y el Ingeniero Electrónico Alejo Alesandria, ambos graduados en nuestra Facultad Regional. Ella perteneció a aquellos primeros grupos de estudiantes que comenzaron su carrera cuando las clases se dictaban en las aulas del Colegio de los Hermanos Maristas. Recibió su título en la primera colación de nuestra casa, en 1979. Alejo se graduó mucho después. Recibió su título de grado el año pasado, y en estos días comienza su vida profesional en una ciudad santafesina. Como estudiantes, tuvieron experiencias en contextos diferentes, desde lo edilicio, la infraestructura, la tecnología existente y hasta el trato con los docentes. Pero los dos destacan el orgullo y la importancia que tiene para ellos portar la identidad de la UTN en sus vidas.
Susana Peretti, de Freyre a la UTN
Susana es oriunda de Freyre. Allí terminó sus estudios secundarios, para después realizar los cursillos de ingreso en el Profesorado de Matemáticas que se dictaba en el Colegio Inmaculada Concepción, de San Francisco: “Así empieza mi historia. Terminando los cursillos, me encontré con unos amigos de Freyre que estaban terminando el cursillo acá en UTN, y como sabían de mis intereses me invitaron a sumarme”.
“Como los cursillos ya habían terminado, tuve que rendir un día Matemática, al día siguiente Física y al otro día Química. Eso fue una semana, y a la siguiente empezaron las clases. Ese fue mi ingreso a la UTN”, explicó.
Era el año 1973 y las clases se dictaban en el Colegio “Sagrado Corazón” de los Hermanos Maristas. “Alla hice cinco años de la carrera y el sexto ya en el edificio actual. Pero recuerdo que teníamos Dibujo Técnico en primer año, nos daba clases el arquitecto Combina, y para esa clase íbamos los sábados al Ipet 50, a las aulas que tenían ellos, porque no había tableros, no había aulas de dibujo en los Maristas”.
“No era la vida de estudiante universitaria que hay ahora y tampoco la que había en las otras universidades en ese momento. Porque era el cuarto año que estaba la UTN en San Francisco y todo se estaba organizando. Teníamos clases de 19 hasta la medianoche, de lunes a viernes, y en primer año, los sábados por la mañana”, comentó Susana.
Al recordar cómo eran las clases, la graduada de UTN destacó que “eran muy teóricas, no teníamos parciales, todas las materias eran anuales, o sea que si una no era un poco ordenada, llegaba a fin de año tenía que ir a un final y era complicado. Yo siempre fui bastante ordenada y como me vine de afuera para estudiar, estudiaba”.
Susana también recuerda que pudo hacer la carrera en tiempo y forma a pesar a ser una etapa convulsionada para el país, y de que en ese período de estudiante se casó al término del cuarto año, y fue mamá antes de comenzar el sexto año. “O sea que hice sexto año con una beba, y ya en este edificio, que no era lo que es ahora obviamente. Era un edificio en construcción que se adecuó. El salón de actos estaba cerrado, creo que no tenía ni aberturas. Sexto año lo hice en las aulas chicas que están al norte”.
También fue parte de las marchas y reclamos que se hicieron para lograr el edificio propio: “Veníamos por bulevar Roca, con pancartas, y un cantito: ‘Queremos que este barrio, sea universitario’. Y la verdad que en el barrio también había pocas construcciones, y pocas calles pavimentadas”.
Para estudiar, libros
Al momento de estudiar, la ingeniera recuerda que el recurso que usaban casi de manera exclusiva eran los libros: “Comprábamos los libros, no eran baratos, pero eran accesibles. A los libros de las materias básicas los tuve a todos, y era difícil porque lo único que existía era la fotocopiadora, no existía internet, el teléfono celular, y nos juntábamos a estudiar, a hacer algunos trabajos prácticos, aunque todo era muy teórico. Algunas materias, como por ejemplo Topografía que nos daba el ingeniero Aylagas, íbamos al Parque Industrial a nivelar y a tomar cotas”.
Tras su graduación y después varios años de ejercicio profesional, Susana volvió a vincularse con nuestra Facultad como docente. “Nunca pensé que iba a ser docente. Yo quería ser calculista. Esa era mi idea. A mí siempre me gustaron la matemática y la física. Y yo quería ser calculista de estructura”.
A poco de recibir si título, se incorporó al estudio que tenía el Ingeniero Velázquez. “Me puse a estudiar sobre cálculo estructural. Y si bien al principio hice algunos proyectos o asesoramientos a municipios y demás, después me dediqué al cálculo estructural”.
La vuelta a la UTN como docente
Años más tarde, en la década de los ’90, asumió el desafío de ser docente de UTN, en Materias Básicas, puesto que ejerció hasta su jubilación. “A mí me encanta estar con los jóvenes, y traté como docente, tener una relación un poco más de compañerismo, por decirlo de alguna forma. A mí me tuteaban los alumnos y yo no tengo ningún problema con eso. Recuerdo que, hace algunos años, en la cátedra Análisis 2 empezamos a traer el equipo del mate. Es una cátedra que siempre fue bastante dura para todo el mundo, y eso generó realmente otro clima dentro del aula, fue lindo porque se generaban otras cosas. Y lo otro que hicimos con Karina Sarmiento, que también nos gustó mucho, fue dar clases entre las dos. O sea, dos personas dentro del aula. Es mucho más productivo para el alumno y para los docentes también. Teníamos buenos resultados”, dijo.
Estudiar, trabajar... y salir
“Mientras estaba en el segundo año de mi carrera ya empecé a trabajar. Estudiábamos y trabajábamos. Por eso tenía ese horario también tan ajustado. Te daba la libertad de trabajar todo el día prácticamente. Y yo fui muy metódica: a la mañana estudiaba, a la tarde iba a trabajar y a la noche iba a la facultad. Se puede hacer todo. Y es lo que yo siempre le decía a los estudiantes. Y nunca dejé de salir un sábado”, aseguró la ingeniera.
"Es mi universidad"
“Tener un título de UTN nos da, sobre todo, esa conciencia de que somos profesionales trabajadores o trabajadores profesionales. Es como que uno trae incorporado eso, ¿no? Cuando decidí ser calculista y empecé a estudiar más sobre eso, fui la única que había acá”, aseguró Susana.
Y agregó: “Esa etapa en la universidad fueron los mejores años de mi vida realmente, porque uno pasa acá adentro los mejores años de la vida. Acá conocí a mi esposo, que también es ingeniero, graduado de acá. Entonces es mucho. Es todo. Yo llegué acá con 17 años y si bien tuve un periodo donde no estuve, me fui a los 65 años. Toda la vida. Todo. Es mi universidad”.

Alejo y Susana, dos graduados tecnológicos que comparten el orgullo de llevar la UTN en sus vidas profesionales
"La Facultad me contuvo"
Alejo Alesandria es Ingeniero Electrónico, graduado hace seis meses. Su vida universitaria como estudiante incluyó una etapa de pandemia, con todo lo que ello implicó. Formado en el nivel medio en el Instituto Pablo VI, al momento de elegir una carrera superior tenía algunas dudas. “Estaba un poco indeciso al principio sobre qué carrera estudiar, si quedarme en la ciudad o irme a Córdoba. Mi idea en un principio era estudiar los tres primeros años acá y después emigrar a Córdoba, pero resultó que la Facultad me contuvo desde un inicio, me gustó el ambiente, los profesores, me hice amigo muy rápido de mis compañeros, entonces decidí seguir con Ingeniería Electrónica acá en la ciudad”, destacó el joven profesional.
“De hecho mi primera opción fue Ingeniería Civil, que no estaba en la ciudad, y como segunda opción tenía la Ingeniería Electrónica, pero bueno, me motivaron tanto los docentes, mis amigos, mis compañeros y me terminé quedando acá en la ciudad y descubrí que la Ingeniería Electrónica era lo que yo quería”, agregó.
Al recordar su vida como estudiante, Alejo señaló: “No voy a negar, fue un periodo intenso, mucho estudio, mucho sacrificio. Más allá de eso, destaco todas las horas que pasaba junto a mis compañeros en el laboratorio, haciendo proyectos, investigando, buscando nuevas ideas que podíamos hacer, además de compartir algunos mates como para distender un poco toda esa tensión de tantas horas”.
“También destaco los asados post clases que teníamos con docentes, con otros estudiantes, compañeros, donde contábamos anécdotas, jugábamos cartas y así se fueron generando amistades que después fueron fluyendo con el tiempo”, explicó el graduado de UTN.
Al referise al trato que tuvo con los docentes, Alejo dijo: “Durante la carrera los profesores son una de las partes más fundamentales, son aquellos donde vos podés ver cómo serías como profesional, son los que te motivan a seguir estudiando. Yo destaco a todos aquellos profesores que realmente tienen una vocación muy fuerte por la enseñanza, que lo hacen con tal pasión que te terminan involucrando y te la terminan transmitiendo, haciéndote sentir que ya sos un profesional antes de estar recibido”.
El estudio, la prioridad
“Durante mi carrera yo prioricé el estudio, por eso me recibí relativamente rápido, entonces mi estadía no fue tan extensa y no tuve la experiencia previa de trabajar antes de haberme recibido. Pero he realizado muchas actividades: participé, por ejemplo, en una actividad de extensión, donde viajamos por distintas provincias a medir la radiación de las antenas, y después la práctica supervisada que tenemos que hacer todos”, explicó Alejo.
Después indicó que “el haberme recibido y ser graduado no es que significa que termina el camino como profesional, sino que se abre un abanico y nuevas oportunidades. Es aprender nuevamente cómo se hacen las cosas. Por ejemplo participar en entrevistas laborales depende mucho también de la empresa, del lugar donde vayas a trabajar, varían mucho, entonces también es un proceso de aprendizaje, por ahí lo que mejor funciona es siempre persistir, nunca rendirse, participar en la mayor cantidad de entrevistas posibles, eso te va nutriendo de cómo es que funcionan, qué es lo que te preguntan, cómo reaccionar frente a distintas preguntas”.
"Es un orgullo"
“Ser graduado de UTN, graduado tecnológico, es un orgullo, porque además de tener todas las herramientas que uno puede llegar a necesitar tanto para la vida personal como profesional, es formar parte de una gran familia repleta de grandes profesionales con vocación tecnológica”, afirmó el joven ingeniero.