Una universidad pública como la UTN es un espacio donde, entre otras cosas, el ingenio es ejercitado y nutrido día a día para sortear obstáculos de toda índole, forjando así profesionales capaces no solo de resolver situaciones complejas sino de generar desarrollo, y con él, progreso. Ese proceso de construcción de aprendizajes y de crecimiento brinda múltiples testimonios de superación, que es personal y comunitaria.
Y alcanzar el título de Ingeniería es uno de esos momentos icónicos en el camino de formación profesional y personal, que de alguna manera toca cada fibra de nuestra comunidad. Pero además hay historias que tienen condimentos únicos, especiales. Como la que protagonizó Cristian Viola, que se recibió de Ingeniero Electrónico una húmeda noche de julio de 2026, después de más de tres décadas de haber empezado su carrera.
“¿Viste mamá? Ya soy ingeniero?”, le dijo Cristian a su mamá, en una seguidilla de abrazos y felicitaciones, junto a su esposa y sus hijos, amigos, familiares y allegados. Esas personas incondicionales que siempre están para acompañar cada logro.
“La universidad me encanta -aseguró Cristian-, es un ambiente sumamente hermoso, de los tres niveles que uno pasa, primario, secundario y universitario, el ambiente universitario para mí es hermoso. Eso me llevó a no abandonarlo, y con muchísimo apoyo de mi esposa y de mis hijos, seguí cursando materias hasta que me quedaron tres materias para rendir”.
Pero la historia de formación profesional comenzó mucho antes, tal como él mismo lo contó, poco minutos después de recibir la aprobación de su trabajo final en un aula de Cuarto Nivel: “Yo empecé a estudiar en la Facultad San Francisco en el año 1995. Me fue muy bien los primeros años, realmente, y eso me llevó a pensar que podía trabajar y estudiar, algo que realmente no es fácil”.

Cristian junto a su familia, que lo acompañó en su esfuerzo para alcanzar su título
"Se me hizo complicado estudiar y trabajar"
Y continuó relatando: “En ese momento se me hizo complicado estudiar y trabajar. Y yo venía ya de una relación de noviazgo de muchísimos años, y en 1998 decidimos casarnos con mi esposa. Estaba trabajando como empleado efectivo en la empresa que hoy es ZF, cuando todavía era Sachs en aquellos años. Decidimos casarnos y al poco tiempo mi señora quedó embarazada. Después vino la crisis de 2001, y ese contexto personal y social hizo que no tuviera la cabeza puesta en el estudio”.
“Yo trabajaba, eran momentos muy complicados, teníamos a nuestra hija muy chica, ella nació en 1999, así que la situación no era fácil y la cabeza la tenía directamente para pensar en el trabajo, donde me iba muy bien. Fui creciendo, pasando por distintos puestos y creciendo en posición y económicamente. Entonces quizás no había una necesidad de recibirme, o mis prioridades pasaban por otro lado: por crear la familia, tratar de darle lo mejor a la familia”, dijo.
También agregó que “mientras tanto yo seguía estudiando, iba y rendía, no hacía el cursado completo, iba cursando y rindiendo materias. Por eso no perdí nunca la regularidad. Luego quedé con un trabajo con mucha carga, como jefe de área con todo lo que ello implica, y fui dejando de lado algo que realmente me gusta, porque para mí la universidad fue mi mejor etapa de la vida, yo la amo”.
El último tramo de su carrera
Faltando tres materias para alcanzar su título, pensó: “Ya soy grande, no sigo más, no sigo con esto. Y fue cuando vine a la universidad porque mi hija se recibió de Ingeniera Química, y en ese momento me encontré con personas que habían comenzado a estudiar conmigo, y me preguntaron por qué no terminaba la carrera, que a mí me había ido bien, mis notas eran buenas, que ya se había recibido mi hija, y mi hijo está avanzado en la carrera de Programación, y yo no había terminado mi carrera”.
“Entonces me pusieron en contacto con los profesores, porque yo no tenía que recursar ninguna materia, sino que estaba con posibilidad de rendirlas, así que me puse a estudiar, rendí todas las materias, y me quedó el trabajo final, que para hacerlo uno solo, a veces es complicado. Por suerte tuve la posibilidad de hacerlo relacionado a mi trabajo en ZF, soy responsable del área de pintura, del empaque final. Entonces me metí con todo y lo llevé adelante. Todo me llevó un año y medio: los sábados y domingo metido en este tema, la empresa me permitió presentarlo, y me lo aprobaron”.
Al momento de presentar su trabajo final de carrera, Cristian recordó todo lo vivido desde sus inicios como estudiante universitario: “Recordaba que cuando me casé, en el 98, mi papá me había dicho que no lo haga, y después me dijo que en ese momento no tenga hijos, y a los tres meses mi señora quedó embarazada. Después mi papá falleció en abril del 99. Pero si yo le hacía caso y no me casaba, tendría que haberme vuelto a Arroyito, a ayudar a mi mamá porque era una carga más y no me iba a poder mantener, y posiblemente hoy estaría trabajando en cualquier otra cosa lejos de la ingeniería. Entonces, yo creo que el haber tomado la decisión de casarme en ese momento, de estar trabajando, me permitió, muchísimos años después, terminar la carrera. Por eso, si tendría que volver a tomar aquellas decisiones, decidiría exactamente lo mismo”.
"UTN es amor, es futuro, es todo"
También aseguró que “las ideas que tenía de joven, cuando estaba en la Universidad, las sigo manteniendo hoy”. “Yo defiendo a muerte la educación, nos hemos hecho muy materialistas, considerando que la satisfacción o el bienestar de un país depende de la parte económica, y el bienestar de un país depende de tu educación, tu posibilidad de discernir, de hablar, de relacionarte con gente. Y eso es lo que te brinda la universidad”, señaló.
En el último tramo de la charla, y antes de salir a festejar con familiares y amigos, Cristian respondió qué es la UTN en su vida: “Es amor. Es futuro. Lo que he logrado en mi vida tiene mucho que ver con la UTN, con la formación que tuve acá adentro. Es todo. No me imagino mi vida sin haber pasado por la UTN. No me imagino esta sociedad de San Francisco sin la UTN. Es todo. Es una esencial parte de mi vida. Es esencial realmente. La posibilidad de crecer para mí fue fundamental”.